La belleza casual de Tillmans

Lo sé, el blog ha estado totalmente abandonado por un tiempo. Pero, no hay mucho de que preocuparse, ya Marco se encargó de regañarme ésta semana. Nos encontramos en la celebración del primer aniversario de Contra La Pared, un estudio fotográfico en Caracas, y Marco no dejó pasar la oportunidad de decirme que debía continuar con el blog. Le comenté que tenía ganas de retomarlo con un artículo sobre Wolfgang Tillmans, un “joven” fotógrafo alemán considerado como uno de los grandes artistas emergentes en la fotografía contemporánea. No le sonaba familiar, dándome aún más razones para escribir sobre él.

Con el trabajo de Tillmans siempre tuve una relación amor-odio, pero con el pasar del tiempo me he dado cuenta que es un sentimiento perfectamente normal. Creo que no se ama el 100% del trabajo propio, y sería injusto esperar que así sucediera con el portafolio de alguien más. De hecho, me atrevo a decir que de ocurrir lo contrario, es una evidencia bastante clara de que no estamos siendo lo suficientemente críticos ni con lo propio ni con lo ajeno. Creo que no hay motivos para caer en fanatismos ciegos– pensando que el nombre famoso tiene que gustarnos porque así nos lo han dicho. Tengo para mí que justamente ese es el talón de Aquiles en el mundo del arte; cuando quien observa deja de ser crítico y cesa de preguntarse si la pieza le invita a algún tipo de reflexión o reacción, y  simplemente se conforma con darla por vista. Me pregunto, de los millones de visitantes que recibe el Louvre anualmente, cuántos realmente  se detienen a observar La Mona Lisa? … y me refiero a realmente OBSERVARLA. O, será que  la visitamos porque se encuentra en una lista turística de los must-see? Es obviamente un caso extremo el que estoy usando porque por supuesto la Gioconda tiene su valor dentro de la historia del arte, entre otras cosas, por la técnica de perspectiva poco común para la época,  pero creo que entienden mi punto: realmente la imagen nos maravilla o nos han dicho que debe hacerlo??

© Wolfgang Tillmans

Algo similar me ocurría con el trabajo de Tillmans. Durante mucho tiempo leía como aclamados críticos europeos alababan sus fotografías, e incluso recibió el premio Turner en el 2000 siendo el primer artista (fotógrafo además) no británico en recibirlo. Pero su trabajo me parecía descuidado, una reverencia a la no-estética que pasaba con facilidad entre lo mundano y lo erótico. Tillmans conseguía una fruta en estado de descomposición o una matera llena de colillas de cigarrillos y BOOM! nacía su próxima obra maestra. Durante mucho tiempo no entendía de que iba su trabajo. Más sin embargo, poco a poco descubrí que Tillmans es el rey de aparentar lo casual… sus imágenes lejos de ser descuidadas, están meticulosamente planificadas. Comprendí que Tillmans en realidad tiene un trabajo íntimo y busca lo maravilloso en lo cotidiano. Además, es admirable la cohesión en su discurso: incluso su manera de exhibir las imágenes rompe con muchos de los cánones establecidos por los lugares más tradicionales. Rara vez el artista recurre a la montura clásica de marco, pass-par-tout y vidrio, casi siempre prefiriendo pegar las imágenes directamente a la pared. Tampoco hace distinciones entre sus creaciones provenientes de cámaras fotográficas, o aquellas salidas de fotocopiadoras o inclusive recortes de periódicos — para él, todas las imágenes, indistintamente de su proveniencia, tienen el mismo valor. No hay jerarquía u orden aparente en sus exhibiciones; y pretende ser tan casual en la exhibición como su fotografía.

© Wolfgang Tillmans

Hoy en día, sigo siendo tan crítica como antes de su portafolio. Todavía hay imágenes que no me dicen absolutamente nada, pero otras, me maravillan a diario. Y eso, es suficiente para mí. De tener que escoger, diría que su trabajo más elocuente es el abstracto. A su vez, Tillmans ha sido también un excelente punto de referencia para un curso que estoy preparando sobre fotografía plástica y pensamiento visual, dado que su trabajo más abstracto remueve todo tipo de etiquetas del objeto fotografiado: logrado que una hoja de papel deje de ser percibida como tal y comience a tomar forma de gota.

 

 

 

© Wolfgang Tillmans

Esa parte de su portafolio ha sido fuente de inspiración para el mio propio, haciéndome comprender que no hay una relación directa entre la calidad de las imágenes y la distancia que el fotógrafo haya recorrido lejos de casa. Si le preguntas a un fotoperiodista te dirá que durante una guerra es relativamente fácil hacer imágenes, pero que lo realmente difícil es poder fotografiar cuando no está sucediendo absolutamente nada. Relativamente, digo, sin ánimos de minimizar el hecho y el momento crucial de la guerra. Sino más bien haciendo énfasis en la abundancia de contenido, de dramatismo, de sujeto.
Wolfgang, lejos de lo documental, me hace reflexionar sobre algo similar; lo desconocido siempre nos deslumbrará, pero lograr una imagen exitosa de lo cotidiano es mucho más difícil. El reto, al menos para mí, está en poder descubrir lo hermoso en lo familiar. Hace unas semanas vendí un par de piezas, Ensayo sobre un tenedor, que pienso están muy vinculadas a esa idea– la búsqueda es exactamente la misma, detenerse por un segundo a observar nuestro entorno aparentemente común y silvestre, y tratar, al menos por un segundo, de observar el objeto como si fuese la primera vez.

Antes de terminar ésta temporada con el museo, debía dejar una lista de artistas que yo consideraba podrían ser excelentes adiciones a la colección permanente del Ross Art, para mi sorpresa, coloqué en ella a éste germano de 41 años, y cruzaré los dedos para que la pieza que alguna vez adquieran sea de su serie más abstracta.

2. Fork. Matos-Albers

de la serie, Ensayo sobre un tenedor. ©Matos-Albers

Fork. Matos-Albers

de la serie, Ensayo sobre un tenedor. ©Matos-Albers

 

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