El House del Arte

Hasta el 5 de Mayo el museo se sentirá completamente vacío. Nosotros seguimos trabajando, las puertas están abiertas al público para la nueva exposición de arte “Extending Edges“, una colectiva de los seniors graduándose éste año en Ohio Wesleyan, pero hay una gran diferencia… Justin no está. Decidió irse un par de semanas primero a Colorado y después a Nuevo México para buscar unas piezas que adquirimos de una galería en Santa Fe. Para mí es increíble como se puede sentir de inmediato su ausencia porque todo el staff camina relajado… no hay presión de absolutamente nada, si el trabajo se hace, bien; y si no, pues mañana será otro día. Y se que suena fenomenal, después de todo, quien quiere tener a un dinamo al lado? Pero juro que éste lugar es un barco sin rumbo cuando el no está!

Los que lo conocen aquí me ponen cara extraña cuando les digo que regresé por un par de meses para trabajar bajo su tutela. Y para aquellos que no lo conocen, es extremadamente difícil explicar a tal personaje sin que les suene como el villano más cruel. Lo cierto es que lo más cercano que encuentro como referencia popular es el personaje de Gregory House en la serie Dr.House. Si la han visto, sabrán que es un tipo odiado, una amargura de ser humano pero de alguna manera muy muy muy remota y extraña, el tipo es divertido y hasta querido por sus pupilos. Justin es muy parecido. Su manera de comunicación favorita es el sarcasmo. Sufre de un incurable caso de road-rage; para él es imposible manejar sin mentarle la madre a las cuatro esquinas. Camina chueco porque ambas rodillas son postizas. Ya casi no oye bien por lo que termina gritando al hablar. No tiene paciencia ni con el mismo. NO hay otra manera de hacer las cosas, sólo una. Y la perfección se inventó para ser aplicada a diario.

Justin Kronewetter instalando una exhibición en el Ross Art Museum © Matt Wasserman. Cortesía Ohio Wesleyan University.

Justin Kronewetter instalando una exhibición en el Ross Art Museum © Matt Wasserman. Cortesía Ohio Wesleyan University.

Aquí la tradición dicta que todas las personas que han formado parte de la comunidad educativa por más de un cuarto de siglo, son formalmente invitados a pertenecer a una especie de club. Es un asunto bastante exclusivo y aquí las formalidades se las toman muy en serio. Justin Kronewetter, ha estado en Ohio Weslayan desde 1972. El día que cumplió los 25 años de carrera dentro de la Universidad, naturalmente le mandaron una invitación para la  cena de inducción. A él no le agradaba la idea de semejante ridiculez, así que botó la invitación. Lo llamaron de la oficina del presidente de la universidad pidiendo confirmación a la invitación. No había respuesta –para él, en la vida, no hay espacios para nimiedades de ese tipo– pero las llamadas tampoco cesaron y el jefe del departamento de arte de ese entonces tuvo que intervenir de la manera más diplomática a último momento. No hay duda que se ha ganado la fama de irreverente y gruñón. Incluso fuera del departamento de arte, Justin es temido en los pasillos como uno de los profesores más estrictos y cascarrabias, pero también es reconocido como uno de los personajes más valiosos que tiene OWU. Después de su retiro oficial de los salones de clases, dirige el museo con las riendas bien cortas. Todo está bajo su estricta vigilancia personal, y los asistentes no le duran seis meses. “He runs that museum like a tight ship” — decía el presidente de la universidad el día que tuvimos la reunión con la junta directiva. Ya ven por que les digo que es como trabajar con el Dr. House del mundo del arte? Pero nos hemos hecho buenos amigos. Estas historias las sé porque me las cuenta mientras pelea con el muchachito de la cafetería porque le sirvió el café muy frio. Pienso que él confía enormemente en mí y yo le entiendo sus malos humores: después de todo, creo que la mayoría de las veces tiene la razón para patalear.

1701145102A Justin se le discute poco en este lugar. Si se encapricha en comprar una pieza porque él dice que hay que hacerlo, se hace. La primera foto que adquirió oficialmente el Ross Art Museum, fue “Orchard, Early Spring” de Ansel Adams. Una fotografía que Adams tomó alrededor de 1940 y que en ese entonces costó unos $40. Hoy en día, hay originales de Adams que se pueden valorar en $20,000. La última vez que revisé el portafolio de Justin, incluía pájaros muertos, y superficies que han sido objeto de tiros al blanco. El no es un fotógrafo paisajista, pero tiene una enorme debilidad por el género… especialmente todo lo que tenga que ver con el Suroeste americano. En su oficina hay dos pequeñas copias blanco y negro de Yosemite Park, del paisajista Richard M. Ross –pupilo de Ansel Adams– y quien le da el nombre al museo, y frente a su computadora una enorme copia de Mark Klett, un geólogo convertido en fotógrafo a quien le he visto las fotos más hermosas del estado de Arizona. Una de mis favoritas es su serie de Desert Citizens, una colección de cactus en todos los tamaños y formas, dónde trata cada espécimen con la parsimonia de un humano retratado.

La galería que lo representa, Pace/MacGill en Nueva York, tiene una relación bien directa con Justin y ya nos han donado portafolios completos en varias oportunidades. Es una Galería que además les recomiendo que tengan en cuenta la próxima vez que visiten la ciudad porque siempre tienen exhibiciones de primera. El año pasado en Octubre, mostraron una exhibición individual del trabajo de Robert Frank, y hace un par de meses hicieron una muestra con Diane Arbus, Lee Friedlander, Lisette Modele y Susan Paulsen. Esta última salió de las filas de Ohio Wesleyan University, y si no me equivoco es la esposa del dueño de la galería.

© Mark Klett, Desert Citizens.

© Mark Klett, Desert Citizens.

Durante los próximos días estaré procesando una enorme cantidad de fotografías que donó el fotógrafo Ralph Gibson. Eso será hasta que Justin regrese con quien sabe qué de su viaje por el suroeste… ya imagino que el viaje le emocionará y con gusto regresará con mil cosas más por catalogar.

Flipboard

One thought on “El House del Arte

  1. Siempre me deleito con los cuentos que relatas. Pero es especial uno sobre este Dr. House. Ya sabes.. jajaja
    Ojalá lo puedas contar en inglés para que este gruñón se ria a carcajadas de conocer cómo lo “catalogaste” al lado de sus colecciones preciadas.
    😉


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